Domingo, 23 de agosto 2026
DOMINICAL
Historia
VISITA AL DEPARTAMENTO
DE HUÁNUCO Y REGRESO A LIMA (por Antonio Raimondi).1874
Giovanni
Antonio Raimondi nació en Milán-Italia el 19 de setiembre de 1824, llegó al
Perú desembarcando en el puerto del Callao el 28 de julio de 1850, apenas pisó
suelo peruano fue nombrado catedrático de la UNMSM, investigador, naturalista, geógrafo,
explorador, y escritor, vivió 40 años en Perú y 19 de ellos dedicó viajar todo
el Perú cautivado de su riqueza y
recursos naturales posee en su haber la autoría de varios libros , pero aparte de ese prefacio en el cual él parece suma rizar
sus anhelos y sentir hacia el Perú, el sabio es muy bien recordado y ponderado
por la mayoría de los peruanos, hecho que lo convierte por virtud, para muchos
historiadores y escritores, como un verdadero peruanista.
En el relato
de uno de sus obras reseña el viaje a Huánuco y con mucho desdén señala en su
apunte su recalada en Llata, será quizás que, cuando el investigador pretendió
sacar muestras funerarias de la cueva de Llacuy fue impedido por el pueblo
enardecido (apuntes de Varallanos). El resto de la narratoria interesante como
material bibliográfico.
Volví a
subir a la población de Llamellin, para seguir mi ruta al pueblo de Uco , a fin
de visitar las minas de oro y plata de sus inmediaciones; y después me dirigí
hacia la provincia de Huamalíes, perteneciente entonces al departamento de
Junin y actualmente al de Huánuco. Al llegar al pueblo de Singa, vi desde lejos
las cumbres de los cerros erizadas de puntas, lo que despertó mi curiosidad
para examinarlas más de cerca y descubrir lo que era. Al día siguiente salí de
Singa con este objeto, y ¡cuál fue mi asombro al contemplar de cerca en la
cuchilla de un cerro que divide dos quebradas, unas hermosas ruinas de
fortificaciones, con unas torres de piedra de forma casi rectangular y muy bien
conservadas! De Singa bajé al pueblo de Chuquibamba, situado en la orilla del
Marañón y célebre por sus lavaderos de oro. Vi los trabajos hechos en otra
época para desviar el curso del rio, con el objeto de recoger con más facilidad
el precioso y codiciado metal reunido en su cauce. De allí tomé el camino que conduce
a las montañas de Monzon, y pasé por Chavin de Pariarca y Tantamayo, visitando
otras importantes ruinas situadas en los cerros inmediatos a este último
pueblo. Regresé después á Chuquibamba para seguir el curso del Marañón hasta su
origen. Para esto, de Chuquibamba subí a Llacta, miserable capital de la
provincia de Huamalíes, y en sus inmediaciones visité una cueva con momias de
los antiguos habitantes del Perú. Bajé en seguida nuevamente al Marañón, el que
un poco más allá se pasa sobre un puente de palos; y avanzando por su orilla,
vi, antes de llegar al pueblo de Chupan, en la cumbre de un peñasco cortado a
pique, los restos de una torre de forma elíptica, construida por los antiguos Indios
y conocida con el nombre de Castillo de Chupan. De este triste pueblo pasé al
de Chavinillo, que no lo es menos, cuyos habitantes son indígenas de pura raza
que no hablan una sola palabra de castellano y donde el viajero no halla
recurso de ningún género. Allí cansado de tantas penosas marchas por pueblos
que carecen de toda sociedad, y hallándome solamente a diez leguas de distancia
de Huánuco, me decidí a visitar esta última ciudad, para satisfacer una
necesidad a la vez física y moral. Emprendí pues mi marcha a Huánuco por la
quebrada de Higueras, y después de unos pocos días de descanso, regresé a
Chavinillo en los primeros días del año 1861 para proseguir mi penosa tarea. De
Chavinillo, pasé el Marañón y subí al pueblo de Ovas; luego, atravesando una
elevada cadena, bajé al otro lado y continué hacia Aguamiro, pasando por el
puente de Paccha. En Aguamiro, me nació el deseo de hacer un estudio esmerado
de las importantes ruinas de Huánuco Viejo que había visitado de paso en 1857,
y acto continuo emprendí la marcha, y fui á establecer mi campo entre las
paredes medio derrumbadas de esta antiquísima población. Pasé unos pocos días
en esta elevada llanura (metros 3,736), ocupado en estudiar y levantar el plano
de aquellos interesantes restos de la antigua civilización; y bajando en
seguida otra vez á Aguamiro, visité nuevamente los ricos minerales de Huallanca
y Queropalca, pasando por el pueblo mineral de Chonta, uno de los puntos
habitados más elevados (metros 4,552) de todo el globo. Estando en Queropalca,
el Señor D. Manuel Elguero me dijo que el origen más lejano del Marañón no era
el rio que sale de la laguna de Lauricocha, sino el rio de Nupe, que tiene su
origen mucho más lejos en la Cordillera de Huayhuash. Queriendo averiguar el
hecho personalmente , hice centro de mis exploraciones á Queropalca, y me
dirigí desde allí en diferentes sentidos. Antes de todo, seguí el curso del
riachuelo de Queropalca, el cual á poca distancia recibe el de Chonta y juntos
entran, un poco más allá, en el rio de Nupe. Seguí pues este último rio hasta
su encuentro con el que sale de la laguna de Lauricocha, que se considera como
el origen del Marañón, y examinado los dos ríos en el punto de su reunión,
resulta que el de Nupe tiene una cantidad de agua un poco mayor que el otro.
Después salí nuevamente de Queropalca con dirección á la laguna de Lauricocha;
vi el antiguo Puente del Inca, situado en el punto donde el rio sale de la
laguna; en seguida fui dando la vuelta a pie por la orilla de la laguna hasta
donde me fue posible, y regresé a Queropalca. Salí definitivamente de
Queropalca siguiendo el curso del rio de Nupe hasta su origen en la Cordillera
de Huayhuash, y pude averiguar que efectivamente el rio de Nupe tiene un origen
mucho más lejano que el que sale de la laguna de Lauricocha; y además, que el
rio de Nupe en el punto donde se encuentra con el que sale de la laguna, tiene
mayor cantidad de agua; de donde resulta que el origen del Marañón es el rio de
Nupe, y no el que sale de la laguna de Lauricocha. Conocido el origen más
lejano del rio Marañón, continué mi camino por la elevada región de la
Cordillera, en medio de gigantescos cerros cubiertos de nieve perpetua, cuyas
cumbres, ocultas muy a menudo por densos vapores, parecen establecer el
contacto entre la tierra y el cielo. Desde el punto culminante del camino bajé
a una quebrada; y siguiendo su curso, me dirigí a la hacienda mineral de
Quichas, perteneciente a la provincia de Cajatambo del departamento de Ancachs.
Después de visitar las ricas minas de plata de las cercanías, continué bajando
por la quebrada hasta Churin, cuyos baños termales había visto en 1857. En este
punto dejé la quebrada por la cual se baja a Huacho, que ya había recorrido; y
atravesando el rio, subí al pueblo de Andajes, pasando en seguida á Caujul y a
las minas situadas en la rama de la Cordillera que da origen al rio de Supe.
Visité la mina llamada del Portugués, situada en el límite de la nieve
perpetua, bajando en seguida por la quebrada de Ambar y Supe, de la que pasé a
la de Huacho, y continué mi marcha por tierra hasta Lima, regresando a la
capital de la República veinte y tres meses después de mi salida. (Fuente:
Raimondi, Antonio (1874). El Perú. Tomo 1. Lima, imprenta del Estado.
pp.155-156).